


Necesitamos recaudar fondos para mitigar la hambruna.
¡Con tu ayuda apoyaremos con una cesta alimentaria básica durante un mes a 60 hogares!
Tras más de cuatro años de estaciones de lluvias fallidas, la Región Somalí enfrenta una sequía prolongada, la más severa de los últimos 50 años.
La sequía es una consecuencia directa del cambio climático que se agrava e intensifica por otros factores externos. Por un lado, la región Somalí está política y económicamente discriminada a nivel nacional y por tanto, carece de inversión pública suficiente en infraestructuras y servicios básicos como agua, sanidad o educación. Los birkas, construcciones subterráneas para la recogida de agua de lluvia y los pozos no cubren las necesidades de la población y además, el 33% necesitan ser rehabilitados.
A la falta de voluntad política se suma la inestabilidad política de la zona, sobre todo en las zonas fronterizas con las regiones de Afar y Oromía. En julio de 2022, el grupo terrorista Al-Shabab se infiltró en la zona de Afdher. En consecuencia, se limitaron los movimientos de la población, se cerraron los mercados de ganado (el 85% de la población depende de la venta del ganado) y se cortó el flujo de Ayuda Humanitaria así como la identificación de necesidades por parte de los organismos pertinentes.
Por último, la inflación impacta en los precios y tensiona aún más la situación.
La situación ha desbordado la capacidad de respuesta de las autoridades públicas. El Plan Regional de Respuesta a la Sequía de Somalia, dotado con casi 78 millones de dólares, se enfrenta a un déficit de financiación de al menos 54 millones de dólares para subsanar las deficiencias de la ayuda humanitaria.
La situación ha provocado el desplazamiento de 219.234 personas (140.009 hogares) en la zona de Afdher. 183.068 personas no pueden acceder a fuentes de agua. Entre enero y diciembre de 2022, 12.500 menores habían recibido atención por malnutrición, un 39% más que el mismo periodo del año anterior. Asimismo, 80.634 menores de la zona entre 6 meses y 5 años, han recibido suplementos vitamínicos y el aumento de los casos de complicaciones médicas asciende al 23%. La nutrición suplementaria es una pieza clave para evitar el aumento de casos graves. Con los recursos disponibles no llegan a cubrir el 40% de las necesidades. La zona carece de infraestructuras de salud y personal sanitario suficiente.
La sequía tiene efectos económicos, sociales y medioambientales en las mujeres y niñas. Las relaciones de poder desiguales, la inequidad de género y la discriminación hacen que las mujeres y las niñas sean a menudo las más afectadas durante una crisis y tarden más en recuperarse. Las mujeres y las niñas experimentan la vulnerabilidad de forma diferente a los hombres. Esto hace que en tiempos de crisis, el acceso de las mujeres a los recursos esenciales o su control sobre ellos se vea empeorado y puede llevar a su exclusión de la reivindicación de sus servicios y derechos básicos. En consecuencia, la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas aumenta y puede socavar su capacidad para hacer frente a los efectos de las sequías y otras catástrofes. Para las comunidades de pastores de las tierras áridas y semiáridas de Etiopía, estos patrones meteorológicos inciertos exponen a los ganaderos a graves sequías, que provocan la pérdida de ganado, el agotamiento de la vegetación, el aumento de la inseguridad alimentaria, la degradación del medio ambiente y la escasez de agua. Desde la Oficina de Gestión de Desastres y Riesgos de la Región Somalí se ha afirmado que sólo durante los últimos 6 meses han muerto aproximadamente 115.000 cabezas de ganado en la zona de Afdher. Para las mujeres y niñas pastoras, que ya sufren una exclusión sistémica en la toma de decisiones y el acceso a los recursos (por ejemplo, agua, educación y sanidad), el cambio climático empeora una situación que ya de por sí es mala.
Con una sequía tan grave como la actual, las mujeres y niñas pastoras deben recorrer distancias más largas (entre 2 y 12 horas) en busca de agua y leña, lo que a su vez las expone a un mayor riesgo de violencia sexual y de género. La pérdida de ganado, que es la principal fuente de sustento de las comunidades de pastores, puede provocar un aumento de la explotación sexual infantil y del riesgo de embarazos en la adolescencia. El agotamiento de la vegetación y el aumento de los conflictos por la escasez de agua han provocado la interrupción de los servicios sanitarios, incluidos los de salud sexual y reproductiva. A menudo, estos servicios son limitados o no están disponibles en los centros sanitarios, lo que hace que las mujeres y las niñas sean vulnerables a los malos resultados de la salud sexual y reproductiva, como abortos inseguros, embarazos adolescentes e infecciones de transmisión sexual (incluido el VIH). Además, la capacidad de las mujeres y niñas para gestionar su menstruación se ve mermada por la falta de agua limpia y productos menstruales. La falta de instalaciones y materiales adecuados, las restricciones a los movimientos de las niñas durante la menstruación y los sentimientos de vergüenza también pueden contribuir a que las niñas falten a la escuela. Las niñas que no pueden asistir a la escuela porque pierden sus medios de subsistencia corren un mayor riesgo de sufrir prácticas nocivas, como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil. Muchas familias casan a las niñas a cambio del precio de la novia para aliviar la presión económica. Esto sigue siendo un obstáculo para el progreso de las mujeres y niñas pastoras.
El cambio climático amplifica las desigualdades de género y tiene un mayor impacto en la vida de las mujeres. Según CARE International, en 2018 más de la mitad de las personas desplazadas por el clima a nivel mundial eran mujeres. UNHABITAT concluyó en 2016, tras realizar estudios en 141 países, que ante un desastre natural, las mujeres y las niñas tienen 14 veces más probabilidades de morir que los hombres.
Por ello, medicusmundi Gipuzkoa quiere recaudar fondos para apoyar con una cesta alimentaria básica durante un mes a 60 hogares encabezados por mujeres en la woreda de Cherrati afectada por la emergencia y que ha acogido a personas desplazadas internas.
Pastoralist Concern, organización socia de medicusmundi Gipuzkoa en la zona se encargará de la gestión de la ayuda con la coordinación de las autoridades públicas.
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