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“Nuestro objetivo es reducir la mortalidad materno infantil en casi el 86% de la población de Tselenti y Tahtay Adyabo, dos distritos de Etiopía”


Dedicada durante la mayor parte de su vida a la enseñanza y a la investigación, poniendo en marcha en la UPV/EHU el primer Máster para la Igualdad de Mujeres y Hombres, y nombrada primera defensora para la Igualdad del País Vasco, Maite Erro lleva tres años y medio trabajando con Medicus Mundi Gipuzkoa en diferentes proyectos en la región de Tigray, una de las más pobres de Etiopía.

En este mismo lugar, junto con WAT (Asociación de Mujeres de Tigray) tenemos la intención de poner en marcha un proyecto para reducir la mortalidad materno-infantil, y para cuya financiación presentamos candidatura al Fondo de solidaridad 0,7% de los trabajadores y trabajadoras del Gobierno Vasco y Osakidetza. En esta entrevista, Maite nos habla del proyecto, para cuyo diseño ha viajado recientemente al país africano, y del importante problema de salud pública que suponen los altos niveles de muertes materno-infantiles en la zona.

-Tigray es una de las regiones más pobres de Etiopía. ¿Cómo son las condiciones de vida allí?

Es un lugar desértico. Más de las tres cuartas partes de la población vive en zonas rurales donde cada familia tiene derecho a unas pocas hectáreas de tierra donde cultivan -solo durante los dos meses que dura la época de lluvias– patata, tomate, cebolletas, pimientos y café. Hay familias que tienen algunas cabras; otras tienen ovejas o alguna vaca que otra. La verdad es que, aunque se ven avances, los recientes informes del Departamento de Agricultura y Desarrollo Rural de Tigray dicen que la región es una zona con inseguridad alimentaria crónica. Esto se debe a que solo el 11% de los hogares consiguen una producción suficiente para cubrir sus necesidades.

-En este contexto, ¿cuál es la realidad de la mujer?

Son las principales productoras de alimentos. Y no solo los producen, sino que también los elaboran y los venden. Se ocupan de los animales y son las responsables del cuidado y la nutrición de toda la familia, lo que incluye hacerse cargo de las personas mayores y dependientes y de la educación de sus hijas e hijos. En relación con los hombres, sufren múltiples desventajas, con jornadas de trabajo más largas, un porcentaje de alfabetización dos veces menor a la de ellos; o un desempleo muchísimo mayor, con un porcentaje del 66% frente al 9% entre los hombres. También sufren problemas específicos de salud: de los casi dos millones de personas contagiadas de VIH/sida, 1,1 millones son mujeres.

-Pero parece haber un importante movimiento organizativo de mujeres.

Sí, y participan activamente. La Asociación de Mujeres de Tigray, WAT, con la que desde medicus mundi gipuzkoa queremos poner en marcha el nuevo proyecto, por ejemplo, es una asociación que tiene más de 700.000 socias; lo que significa el 85% de las mujeres en edad de pertenecer a una asociación. Es una entidad que cuenta con un importantísimo reconocimiento por otros movimientos organizativos locales, regionales e internacionales. Incluso, hace cinco años, el Parlamento de Tigray, en reconocimiento al trabajo que realiza en el desarrollo de la región y en concreto con las mujeres más pobres, le concedió un escaño en el Parlamento, con derecho a voz aunque sin voto.

-De hecho hay un importante trabajo en red de esta asociación con otras organizaciones y con el gobierno.

WAT trabaja en proyectos de empoderamiento económico de las mujeres, de promoción para la seguridad alimentaria y la nutrición; de educación; de promoción de la alimentación de lactantes y niñas y niños, etc., dirigidos todos ellos a reducir la tasa de mortalidad materno-infantil. También lleva adelante programas de sensibilización y educación de la comunidad respecto a la transmisión del VIH/SIDA; de cara a generar ingresos económicos para las madres jóvenes y pobres; de capacitación institucional de mujeres socias; de promoción de los derechos humanos… En la gran mayoría de estos proyectos cuenta con la colaboración de las lideresas de la Liga de Mujeres, de las representantes de la Oficina para Asuntos de las Mujeres gubernamental y de representantes locales de los departamentos de Educación, Salud, etc. de la Administración Pública. También cuenta con socios y socias nacionales e internacionales, pero la organización o entidad con la que colabora en cada momento depende del tipo de proyecto que se vaya a llevar a cabo.

-El proyecto que medicus mundi gipuzkoa pretende llevar a cabo con WAT está enfocado a reducir la mortalidad materno-infantil, que todavía hoy se presenta como uno de los problemas más acuciantes del país.

Sí, la tasa de mortalidad materno-infantil es un problema grave en Etiopía; algo directamente relacionado con los índices de pobreza del país. Etiopía es uno de países más desfavorecidos del mundo y la región de Tigray una de las más pobres dentro del país. Los datos publicados el año pasado por el Ministerio de Salud indican que en las zonas rurales muere una media de 676 mujeres de cada 100.000 nacimientos vivos. Esto representa el 30% de los decesos de mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 49 años; un dato que en Europa suma 21 muertes. Con los datos comentados es evidente que Etiopía se encuentra con dificultades para llegar a cumplir al menos tres de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015: reducir en dos terceras partes la mortalidad de niños y niñas menores de cinco años (objetivo 4); reducir un 75% la tasa de mortalidad materna y lograr el acceso universal a la salud reproductiva (objetivo 5); y combatir el VIH/sida, la malaria y otras enfermedades (objetivo 6).

-Después de haber visto la problemática de primera mano, ¿cuáles dirías que son las principales causas de esta situación?

Un dato de trascendental importancia es que solo el 10% de los partos son atendidos por personal cualificado y el 57% son asistidos por familiares o amistades sin ningún tipo de experiencia o preparación. Además, el 92% de las mujeres no reciben asistencia postnatal. En cuanto a la mortalidad infantil, 104 menores de cinco años mueren por cada 1.000 nacimientos vivos, una cifra que en Europa se sitúa en 13. Además, la cobertura media de vacunación de estos niños y niñas en las zonas rurales es del 20%. Estos datos se explican, principalmente, porque todavía hoy en dichas zonas prevalecen costumbres, creencias y tradiciones ancestrales. Según te cuentan sus gentes, todos y todas hemos nacido en el hogar durante siglos, y es una tradición que se debe mantener porque su Dios les protege y nada malo puede suceder a la madre o a la criatura.

-Entonces, ¿en qué frentes se focalizarían las actuaciones del proyecto?

Las propias mujeres de zonas rurales manifiestan la necesidad de sensibilizar y educar a las mujeres embarazadas y con hijas e hijos menores de cinco años para que acudan a los servicios comarcales de salud para las revisiones recomendadas durante el embarazo, para la atención en el parto y para la atención postnatal de la madre y sus criaturas. Las actuaciones deben dirigirse en esta dirección, porque el Ministerio de Salud etíope ya se está ocupando de adecuar los recursos de salud y hacerlos accesibles a los niveles de barrio, comarca y distrito. El gobierno actual ha puesto en marcha un Programa para el Desarrollo de la Salud con el fin de democratizar y descentralizar el sistema de salud, desarrollar componentes preventivos y curativos y garantizar la accesibilidad de la atención sanitaria a todos los segmentos de la población.

-Varias de las actividades pensadas para llevarse a cabo en el marco del proyecto inciden especialmente en la comunidad. Una de ellas es precisamente un debate comunitario sobre temas relativos a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, en el que se quiere que participen representantes comunitarios, líderes religiosos, promotoras de salud, representantes de la administración local, etc…

Es una línea muy importante del proyecto y que se quiere hacer en paralelo al trabajo con las mujeres. Hay que asegurarse de que estos colectivos conozcan las causas de las altas tasas de mortalidad materno-infantil en el país, y entiendan y apoyen los cambios que deben darse en relación a la maternidad, al parto y a la atención posparto; a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, la utilización de métodos anticonceptivos, o a prácticas tradicionales como la mutilación genital femenina.

-¿Qué va a suponer el proyecto para la población de los dos distritos seleccionados de la región de Tigray para este proyecto?

La población total de los distritos de Tselenti y Tahtay Adyabo es de 276.999 habitantes, aproximadamente 55.400 familias. Con la formación de las lideresas de los Grupos de Mujeres para el Desarrollo -una de las poblaciones sujeto relevantes de este proyecto- se conseguiría la orientación, sensibilización y educación de 47.550 familias, es decir, cerca del 86% del total de las familias. En este porcentaje están incluidas las mujeres embarazadas y madres hijos e hijas menores de cinco años. El trabajo continuado con cada una de estas familias a través de orientación y grupos de debate en cuestiones como la alimentación, higiene, vacunación, derechos de salud sexual y reproductiva, planificación familiar, análisis de género de las prácticas tradicionales de mutilación genital, etc., es otro de los pilares centrales de las actuaciones de este proyecto, porque se trata de conseguir un cambio en las costumbres y creencias tradicionales para que, así, las mujeres utilicen los servicios de salud a lo largo del embarazo, parto, postparto y seguimiento de la vacunación y salud de su descendencia.

-Uno de los objetivos de los proyectos que ponemos en marcha suele ser la sostenibilidad posterior en el tiempo. ¿Crees que será posible o que quizás haya que seguir apoyando durante más tiempo a estas comunidades en este punto?

Esta cuestión es de suma importancia. Todos los proyectos, en la medida de lo posible, deben garantizar su continuidad una vez finalizada la ayuda económica exterior. En este caso la sostenibilidad está garantizada porque, como comentaba, las lideresas de los Grupos de Mujeres para el Desarrollo son quienes tienen a su cargo, de manera permanente e individualizada, la orientación, apoyo y formación de entre cinco o seis familias cada una. En total, y con las cifras que he citado antes, representaría actuar con la gran mayoría de los hogares de los dos distritos de la zona Noroeste de la región de Tigray. A través de estas lideresas, además, estamos garantizando la difusión de los conocimientos adquiridos durante su formación a un número importantísimo de familias.

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