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“La Iglesia ha utilizado el sexo y la política reproductiva como métodos de control, sobre todo de las mujeres”


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En los Encuentros internacionales sobre el impacto de los fundamentalismos en los derechos sexuales y reproductivos que celebramos recientemente en Donostia, Jexusmari Mujika abrió el segundo panel, sobre laicidad, democracia y fundamentalismos religiosos, con su ponencia “La Iglesia católica ante la salud sexual y reproductiva: razones y perspectivas”. En ella hizo un repaso del discurso de dicho colectivo en temas como la posición de la mujer dentro del mismo, la cuestión del aborto o el control que ha pretendido y aún pretende ejercer sobre el sexo y las políticas reproductivas. De todos estos temas nos habló también en esta entrevista.

-Empecemos por uno de los temas de más actualidad respecto a la Iglesia católica y los derechos sexuales y reproductivos. ¿Qué opinión le merece la postura oficial sobre el aborto?

La postura oficial es conocida. Está radicalmente en contra, y partiendo como parte de la idea de que desde el momento en el que se unen el espermatozoide y el óvulo ahí hay una persona con todos los derechos, su postura parecería lógica. Pero ahí hay muchos peros. Para empezar, la Iglesia no siempre ha tenido esa postura. No siempre ha pensado que hay una persona desde el mismo momento de la fecundación. Santo Tomás establecía que era después de unas determinadas semanas. Sea como sea, el aborto nunca es algo deseable, pero hay que buscar la mejor de las soluciones posibles ante las situaciones que se nos plantean en la vida. Y hay que escuchar a la ciencia. Hoy la ética o la moral cristiana no pueden hablar sin tener en cuenta en absoluto a la biología. Hay que dialogar sobre el concepto de persona; qué se considera como tal, desde qué momento y por qué. Y, sobre todo, hay que dialogar sobre el concepto de vida, a qué se le llama así; ¿sólo a la vida biológica? Y a mí me parece que se necesita un diálogo que de ninguna manera es posible desde las posturas cerradas que plantea la Iglesia. Hay que dialogar para ver cuáles son las mejores soluciones y propiciarlas, e intentar formar a la gente para que pueda tomar las decisiones en conciencia, con libertad y responsabilidad. Además, no todos los abortos son iguales, y a la Iglesia habría que decirle que los problemas no se solucionan con castigos fuertes como excomuniones.

-El derecho a la vida es quizás la razón principal que esgrime la Iglesia para rechazar el aborto; pero primando la vida del nonato. ¿Pero qué hay de la vida y de la salud de las madres?

Lo ideal sería que no hubiese necesidad de abortar, pero cuando se habla de derecho a la vida hay que aclararlo. La vida es un proyecto de la misma, es libertad, autonomía… Por eso habría que dialogar sobre muchísimas cosas, pero el diálogo nunca es posible desde posturas radicalmente cerradas, sin pensar que en la otra parte hay buena voluntad. Y menos cuando esas posturas no han sido uniformes a lo largo de la historia.

-Pero a la Iglesia no se le ve precisamente proclive al diálogo.

El nuevo Papa parece que sí quiere preguntar a la feligresía sobre lo que piensan acerca de este tema. Cambiar de actitudes en la Iglesia oficial no parece ser fácil, pero me da que este Papa sabe que debe prestarse al diálogo.

-Hablabas de los castigos con los que la Iglesia amenaza a las mujeres que aborten en cualquier supuesto. Sin embargo, el derecho canónico contempla algunos casos de aborto.

Yo no soy experto en derecho canónico, pero sí es cierto que en él hay distinciones; aunque hoy la Iglesia no quiere hacerlas. Si nos vamos a los primeros cristianos, por ejemplo, parece que se daba más importancia al adulterio que a ciertos abortos, porque no consideraban que allí hubiese todavía una persona humana.

-Lo que más repercusión mediática tiene es la postura oficial de la Iglesia. Sin embargo, dentro de ella hay diferentes corrientes que igual quedan relegadas ante el poder de las altas jerarquías.

Hoy en día las altas jerarquías hablan mucho de comunidad, pero una comunidad es imposible sin dejar lugar al disenso y al pluralismo. Hoy en la Iglesia hay una amplia mayoría que no tiene ni voz ni voto, pero también hay muchos movimientos que saben hacer aprecio a la libertad de los hijos de Dios. Hoy sin pluralismo y sin disenso una comunidad de personas adultas es imposible y, desde luego, no es deseable.

-¿Y cómo conseguimos una comunidad así con la postura de la Iglesia oficial? ¿Crees que en las declaraciones que está haciendo el Papa Francisco se podría atisbar un cambio?

Yo espero que sí. Sé que de momento no son más que palabras, pero han sido palabras muy importantes. Es pronto para hablar de reformas, pero ya veremos a dónde puede llegar. Lo que sí creo es que está dando pasos firmes en algunos aspectos sobre los que quiere que la comunidad eclesiástica opine, como la bioética, la homosexualidad, el aborto, la regulación de los nacimientos, la importancia de la mujer en la Iglesia o el divorcio. Y creo que hace estas preguntas sinceramente porque piensa que la Iglesia hoy responde a preguntas que no se hace nadie y, sin embargo, no lo hace a muchas de las que se hacen sus fieles y la población en general. Pienso que está convencido de que es mejor una Iglesia que en vez de predicar certezas busque con los demás la verdad, porque él sabe que este mundo está lleno de injusticias y que en muchas ocasiones las personas están desorientadas y no tienen respuestas fijas para todos los problemas que se les plantean. En ese aspecto sí tengo esperanzas. Hay una frase que dijo que me agradó mucho: “prefiero una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma”; una Iglesia que arriesgue, que dialogue con todos, también con los no creyentes… Ese tipo de Iglesia podrá meter la pata, pero una Iglesia enferma es una que está encerrada en sí misma, siempre a la defensiva, en continua referencia a sí misma. En ese sentido, parece que reconoce que la Iglesia oficial actual es una Iglesia enferma. Y yo creo que el nuevo Papa va a arriesgar, también en lo referente a los derechos sexuales y reproductivos, y en intentar dar mayor protagonismo a las mujeres en la Iglesia, donde tienen una posición subordinada; algo totalmente incoherente, porque no concuerda con el mensaje que dio Jesús en el Evangelio, en el que daba el mismo valor a mujeres y hombres.

-Entonces, el papel de la mujer en la Iglesia no ha sido siempre el actual.

Entre los primeros cristianos las mujeres tuvieron cargos importantes, pero cuando se fue institucionalizando y entró en contacto con las culturas patriarcales como la romana, se perdió esa cultura igualitaria sacrificando a la mujer. De una estructura igualitaria se pasó a una subordinada en lo que se refería a ella. Lo terrible es que todavía siga teniendo ese estatus y no se les permita tener las mismas responsabilidades y cargos que los hombres. Pienso que costará, porque la Iglesia actualmente es una gran estructura con gran poder, pero creo que este Papa se da cuenta de que para responder al mensaje de Jesús, esta Iglesia tiene que cambiar. ¿Si lo conseguirá rápido? No sé, pero hay muchas personas que están escuchando con agrado y esperanzadas muchas de sus palabras. Así que sí, podría haber un cambio.

-¿Existe una relación entre la situación de la mujer en la Iglesia y esa necesidad que parece tener la institución en imponer dogmas y comportamientos respecto a su vida sexual y reproductiva?

Todas las instituciones que detentan un poder intentan controlar a la gente, porque precisamente el poder se ejerce a través del control; y cuanto más poder, más control. Y la Iglesia ha utilizado el sexo y la política reproductiva como métodos de control, sobre todo de las mujeres. En ese sentido, hay una relación clara con la posición de las mujeres en esta institución. Y es mucho más difícil ejercer el poder ante gente adulta y que tiene autonomía y actúa según su conciencia, sobre todo en un tema tan importante como es éste para la estabilidad del orden social. Este control ha interesado tanto al poder político como eclesial, y controlar a las mujeres ha sido todavía más importante para el control de la política reproductiva, porque al final son ellas las que paren.

-Hay temas sobre los que la Iglesia se mantiene inamovible y que acarrean serios problemas de salud pública, como ocurre con el uso del preservativo para evitar el contagio del VIH y de otras ETS, por ejemplo. ¿No existen líneas morales que se puedan cruzar en favor de la salud pública?

En el uso del preservativo y otros métodos anticonceptivos ha habido muchos católicos y curas que han hecho caso omiso de la doctrina oficial. Hoy en día, la mayoría de los católicos en nuestras sociedades no tiene problema en utilizarlos, e incluso saben que tienen que hacerlo para prevenir enfermedades de transmisión sexual. La postura de la Iglesia ha estado basada en la tradición, aunque la tradición no ha sido la misma durante la historia. En la actualidad es inconcebible que en la Iglesia se esté hablando todavía en contra del preservativo, o que se hable como lo ha hecho el libro “Cásate y sé sumisa”, de la periodista italiana Constanza Mariano; que a mí no me merece ni un comentario.

-A veces da la impresión de que estos son precisamente sectores minoritarios dentro de la Iglesia pero que, a la vez, son los que detentan el poder.

Sí, pero, ¿hasta qué punto es poder si luego no te hace caso nadie? Aunque también es terrible que todavía haya sociedades donde el sacerdote tiene un poder y una influencia excesiva sobre su feligresía, privando a ésta de su autonomía. Pero también es cierto que dentro de la Iglesia hay corrientes que adoptan posturas mucho más racionales ante estos problemas. Yo creo que la postura oficial en este tema no es representativa de la mayoría de la Iglesia.

-Ir a la contra de la mayoría de la feligresía, ¿está yendo en detrimento del número de fieles?

Hay muchos motivos que han hecho bajar el número de fieles, pero lo mismo que la postura adoptada ante el marxismo alejó a la clase obrera de la iglesia, el seguir manteniendo este inmovilismo en lo referente a la salud sexual y reproductiva puede provocar el alejamiento.

-Ahora que se desde el gobierno actual se plantea una vuelta atrás en los derechos adquiridos respecto al aborto, se vuelve a hablar de la injerencia de la Iglesia en la vida pública y política. ¿Tan deudora es esta última de la Iglesia? ¿A qué se debe esa pleitesía por parte de todos los gobiernos?

Yo creo que la clientela del actual gobierno en el poder y la de la Iglesia oficial es bastante coincidente. Hay, por tanto, intereses comunes. Una institución religiosa tiene derecho a manifestarse sobre el tema que sea, pero lo que no puede hacer es presionar de forma inadecuada a los partidos políticos ni a los parlamentos, que son los que hacen las leyes. Y la ley del aborto no le compete a la Iglesia, sino al parlamento.

-Desde diferentes colectivos, incluso de la Iglesia católica, en el tema del aborto como en tantos otros, se está pidiendo la libertad para decidir en conciencia. Pero parece difícil que las altas instancias acepten esto…

Decidir en conciencia está, aunque apenas se le recuerda a nadie, en consonancia con la doctrina de la Iglesia. Quien debe decidir es quien va a sufrir las consecuencias, que normalmente es la mujer, y ella es la que debe actuar en conciencia, desde su proyecto de vida libre y autónomo. Y nadie puede quitarle esa libertad. Y para que pueda decidir, hay que formar a la gente diciendo que el aborto no es un método anticonceptivo, ni es deseable, y que no todos los abortos son iguales. Ante cada situación hay que buscar la mejor solución, y esta la debe tomar la mujer en conciencia, libertad y autonomía. Y hacer todo lo posible porque las situaciones difíciles y complicadas que no tienen una solución deseable se den lo menos posible.

-¿Crees que esta libertad para decidir será compatible en algún momento con las posiciones de las altas jerarquías de la Iglesia?

En este país, dentro de la Iglesia hay diferentes posturas acerca del aborto, pero el poder lo ostenta la Conferencia episcopal y, mientras estén al mando quienes están hoy, no tengo mucha esperanza. Pero tendrá que haber cambios, aunque existe el riesgo de que la Iglesia se vaya cerrando cada vez más y se convierta en una secta cada vez más cerrada y más de derechas. Aunque no me gustaría, porque sigue habiendo muchos cristianos que opinan que la religión está para contribuir a hacer este mundo mejor; y eso exige también responder bien al problema del aborto.

Autoras: Maialen Odriozola y Mónica Míguez.

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