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“Hoy día en Brasil el Estado es enemigo declarado de las personas LGBTI”


Entrevista a GUSTAVO COUTINHO, miembro de la Asociación Brasileña de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Travestis, Transexuales e Intersex de Brasil.

Gustavo Coutinho es abogado en su país de origen, Brasil. Allí trabaja en litigios sobre derechos humanos, es miembro de ABGLT -Asociación Brasileña de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Travestis, Transexuales e Intersex, y forma parte del Centro para la Promoción y Defensa de los Derechos LGBT de Bahía. Asegura que Brasil vive en una paradoja respecto al colectivo LGTBI. Al tiempo que el odio contra estos colectivos se ha incrementado en el país y la violencia ha sido mucho más cruel, se han logrado conquistas importantes. Hoy las personas LGBTI en Brasil son un poco más libres para decidir sobre sus identidades, pero a la vez las personas homofóbicas o transfóbicas creen que el odio es su libertad de expresión. “En una sociedad tan polarizada –insiste- hemos llegado a un momento en el que uno tiene que posicionarse sobre ese tema, sea político o no. O está contra nuestros derechos y a favor de un régimen fascista, o a favor de la igualdad y la democracia plena”.

Algunos datos estadísticos indican que Brasil es el país con niveles más altos de homofobia y transfobia del mundo. ¿Dirías que son ciertos estos datos o existe una aceptación social de estos colectivos? ¿Crees que la gente en tu país está a favor de sus derechos?

Brasil es el país que registra más transfobia en el mundo y aún hay una subnotificación de los crímenes que se dan por estos motivos, pues debido a los prejuicios muchas personas no van a las autoridades a denunciar. Hay un asesinato homofóbico o transfóbico cada 19 horas y las personas más vulnerables son las personas negras, pobres, de las periferias. Se ha ido avanzando y conquistando derechos desde el año 2000: las personas LGBTI son más libres y abiertas con sus identidades, y eso es positivo; pero con un presidente homófobo como el actual, las personas que están contra nuestros derechos se sienten autorizadas a violentarnos.

¿Crees que el rechazo a estos colectivos ha incrementado en los últimos años o ha ido disminuyendo?

Los registros de violencia se han incrementado sobre todo desde 2016, con el golpe sexista de la presidenta Dilma Rousseff. Ahora, con Bolsonaro en la presidencia, las personas en general se sienten más autorizadas a practicar actos de violencia. No obstante, debido a las recientes conquistas en el Supremo Tribunal Federal -nuestro tribunal constitucional- y los avances en el cambio cultural que hemos logrado, las personas que nos odian están muchísimo más incómodas con nuestra existencia.

¿De dónde crees que proviene toda esta homofobia y la represión hacia los colectivos homosexual y trans?

Sabemos que es un problema sistémico, con aspectos coloniales y una fuerte influencia cristiana radical. El capitalismo y el imperialismo en los países llamados en desarrollo buscan controlar nuestros cuerpos también en este aspecto moral.

Los pueblos originarios, por ejemplo, tenían otra cosmovisión sobre la sexualidad y las identidades de género; una perspectiva de que las personas con identidades disidentes tienen también su lugar en la sociedad. El primer asesinato por homofobia registrado en nuestra historia fue de un hombre gay e indígena en 1614. Es un ejemplo de cómo esta perspectiva llegó hasta nosotras en América Latina con la colonización, en nuestro caso, de Portugal.

¿Dirías que la homofobia y la transfobia son en la actualidad uno de los problemas constantes y más graves de tu país?

Son problemas gravísimos, sin duda, y están íntimamente relacionados con el avance del neoliberalismo y del imperialismo en nuestro país; con la retirada de derechos de las personas trabajadoras, los cambios en las reglas de la Seguridad Social, la privatización de los servicios de salud y educación. Son ataques a nuestra existencia en diversos ángulos, pues las personas LGBTI y principalmente las personas transexuales y travestis también necesitan de estos derechos, sobre todo por una reparación histórica.

¿Y qué dirías sobre la aceptación legal de estos colectivos?

No hay una ley contra nosotras y recientemente habíamos el reconocimiento de la violencia contra nosotros por el Judiciario. Iba a ser inconstitucional, pero hemos visto al actual presidente y a sus hijos creando una narrativa de criminalización de los colectivos y de la lucha social. Esto crea una atmosfera social de persecución a los colectivos y de crímenes contra defensoras y defensores de derechos humanos, especialmente después del asesinato brutal de Marielle Franco.

He leído que Brasil fue el primer país de Sudamérica en despenalizar actos homofóbicos, ¿es eso cierto? ¿Cuál fue la intención de esta despenalización?

Bueno, en junio de este año logramos la criminalización de la violencia contra personas LGBTI. Según el informe de las Naciones Unidas, Argentina, Bolívia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, y Uruguay poseen leyes de protección a nuestros colectivos o a derechos reconocidos de alguna manera. Hay aún mucho que hacer para que este éxito sea aplicado en todo el país, pero sin duda fue una conquista simbólica importante en un momento de odio creciente en Brasil.

Pero aún siguen sin reconocerse muchos de los derechos del colectivo LGTBI. ¿Cuáles han sido los derechos reales que ha otorgado en realidad el Estado a estos colectivos? ¿Con qué intención crees que lo hizo?

Hemos tenido conquistas importantísimas. Primero, los derechos asociados a una perspectiva del derecho de familia, como el matrimonio, la adopción y la herencia, que no van a tensionar las perspectivas hegemónicas de familia. Después, el derecho al cambio de nombre y género por personas transexuales y travestis en sus documentos, y también el reconocimiento de la violencia por el Supremo Tribunal Federal. Esto se ha dado después de mucha lucha por nuestra parte y representa un éxito en la disputa simbólica en la sociedad. Creo que es un mensaje a los otros poderes, el ejecutivo y legislativo; que nuestros derechos están amparados por la Constitución y no vamos desistir hasta que conquistemos ciudadanía plena.

¿Crees que debería haber alguna ley que los defendiera?

¡Sin duda! Todos nuestros derechos fueron conquistados en el ámbito del poder judicial. Por otro lado, el legislativo no ha hecho una ley para nosotros desde 1988. Una ley trae un poco más de seguridad y es un instrumento para luchar por nuestros derechos.

¿Sientes entonces que el Estado os protege o consideras que es uno de sus mayores enemigos?

Como he dicho, hoy vivimos en un contexto en el que el Estado es enemigo declarado de las personas LGBTI. Desde 2002 hasta la entrada del actual presidente vivimos un momento histórico donde logramos avances en el ejecutivo, con programas e iniciativas para el colectivo LGBTI. Ahora Bolsonaro ha dicho que si encontrara una pareja de hombres en la calle, iba a darles un puñetazo; que las sexualidades disidentes no son algo natural y un montón de frases racistas y sexistas. Hay un franco desmantelamiento de las políticas LGBTI. La ministra de los Derechos Humanos, Damares Alves, por ejemplo, ha manifestado su compromiso con los religiosos radicales y no con la igualdad entre todas las personas brasileñas.

¿Cómo contemplas la queer criminology? ¿De qué se ocupa esta disciplina? ¿Crees que es de utilidad en la lucha por los derechos de estos colectivos?

La criminología queer emerge como una propuesta de diálogo entre el Derecho Criminal y las teorias queer, desde una perspectiva abierta y preocupada por la diversidad y los derechos humanos. Es importante para darnos elementos discursivos de estudios queer y argumentos para la lucha social. Sin embargo, los cambios en la sociedad son graduales. Vivimos en un mundo donde aún se reconoce la violencia desde una óptica punitiva y de venganza. Luchamos desde hace mucho tiempo por la criminalización de la LGBTIfobia, y ahora hemos logrado crear un espacio en el movimiento de discusión del sistema punitivo y maneras distintas de superar la violencia contra nuestros cuerpos.

¿Qué pasos crees que deberían ser los prioritarios en Brasil de cara a reducir toda esta homofobia y transfobia? ¿Crees que puede haber una mejora en los próximos años?

Es una pregunta difícil, pues la homofobia y la transfobia son un problema complejo e multifacético. Afecta directamente a todas las áreas de gobierno, como salud, empleo, educación, seguridad social. Para que haya un cambio, debemos tener un Estado comprometido con las políticas públicas para la comunidad LGBTI y contra el avance del imperialismo en Brasil. Seguimos luchando, peleando en defensa de nuestra existencia.

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