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Entrevista a Pilar Puente, del Movimiento Manuela Ramos: “La educación sexual en los colegios es una demanda aún insatisfecha”


Hace unos meses saltaba la noticia en Perú: el colegio El Nazareno de San Juan de Miraflores, en Pamplona Alta (Lima) había reducido los embarazos adolescentes entre su alumnado de un 15% a 0 en un plazo de 10 años. El objetivo ahora: que este hecho se extienda por todo el país. Las altas tasas de embarazo adolescente se sitúan como la principal problemática para los padres y madres de Perú. Un elemento clave para la solución de éste y otros problemas relacionados con la sexualidad sería la implantación en el país de una Educación Sexual Integral. Para demostrarlo, el Movimiento Manuela Ramos ha puesto en marcha, en colaboración con Medicus Mundi Gipuzkoa, un programa piloto para incorporarla en 14 colegios del país. Pilar Puente, coordinadora del Área de Sexualidad y Autonomía Física de Manuela Ramos nos cuenta cómo se está trabajando para conseguir hitos como el de El Nazareno, donde también se desarrolla este proyecto.

 

El embarazo adolescente es una de las principales preocupaciones de padres y madres en Perú. ¿De qué cifras estamos hablando para que genere tanta preocupación?

La última encuesta nacional de salud, de 2015, dice que el 14% de las chicas de entre 15 y 19 años quedan embarazadas o ya han tenido un hijo. Sin embargo, si profundizamos en zonas rurales, donde muchas chicas no han terminado siquiera su educación básica y donde se viven mayores situaciones de pobreza, podemos ver elevado el dato hasta un 40%.

 

La escolarización, entonces, es un factor importante para que aumente o disminuya este porcentaje.

Es justamente en las chicas que no acceden a una educación de calidad en las que más embarazo adolescente se está observando. Pero en esto la educación sexual es clave, porque la simple cobertura de la educación no asegura necesariamente la disminución de estas cifras de embarazos.

 

-Entonces, ¿el programa que se está desarrollando tiene su razón de ser en una falta de educación sexual en los colegios?

Siempre se ha trabajado el resolver este problema desde los servicios de atención a la salud sexual y reproductiva, dando información y orientación, así como acceso a métodos anticonceptivos; pero estas medidas no son suficientes si no se atacan las causas estructurales que están detrás de estos embarazos adolescentes. La ESI (Educación Sexual Integral) es una herramienta para que chicos y chicas puedan manejar no solo información, sino habilidades sociales que les permitan negociar un ejercicio saludable de su sexualidad, sin riesgos y sin violencia. Porque en esos embarazos adolescentes también existen vulneraciones. Hay un porcentaje que es producto de incestos y violaciones, no necesariamente de relaciones consentidas.

 

-Además de las que ya has citado, ¿qué otras causas estructurales destacarías que influyen en la tasa de embarazos adolescentes?

Por ejemplo, las pocas oportunidades que se dan a las chicas para desarrollar sus proyectos de vida. Muchas veces la pobreza hace que las adolescentes estén desarrollando funciones para la reproducción en el espacio familiar mientras los chicos salen a estudiar y a desarrollarse profesionalmente para el futuro. Las chicas se quedan cuidando de sus hermanos y hermanas pequeñas porque tanto su padre como su madre salen a trabajar, ya que la generación de ingresos es muy baja en Perú. El sueldo mínimo son 850 soles (unos 240 €); uno de los más bajos a nivel de América latina. A quien se sacrifica en esta situación es a las niñas. Y si además quedan embarazadas quedan aún más relegadas a este espacio. La pobreza y la desigualdad son claves. Otra causa es la violencia en la unidad familiar.

 

– ¿Los gobiernos de los diferentes niveles administrativos han tomado algún tipo de medidas para reducir estas cifras de embarazo adolescente?

En realidad el gobierno peruano aprobó en 2008 una línea educativa de orientación para poder implementar la ESI en las instituciones educativas. Pero, lamentablemente, esta política no ha sido difundida y tiene muchas restricciones porque su diseño no está necesariamente unido a un cambio de mentalidad en las personas que deben llevarla a cabo. Esto significa que hay que hacer un trabajo muy intenso con el personal docente en los centros educativos. Es algo que, de hecho, estamos haciendo y que nos ha indicado que lo primero que hay que hacer es romper sus concepciones conservadoras sobre la sexualidad, que es lo que impide desarrollar sesiones de aprendizaje objetivas, científicas y, sobre todo, laicas.

No obstante, el trabajo que se está haciendo va más allá del propio personal docente…

Sí. También hay que hacer un trabajo con el funcionariado, con las personas que están revisando las políticas públicas. Hay que sensibilizarles sobre la vitalidad de trabajar el enfoque de género en la sexualidad. Discutir con ellas sobre los derechos sexuales y los derechos reproductivos, que son parte de los derechos humanos. Hay que incluir el concepto de la diversidad sexual, pues hay mucha fobia al respecto. Existen, por ejemplo, muchos casos de bulling homofóbico, que han acabado a veces en suicidios adolescentes, tanto en chicos como en chicas.

 

-Asimismo, hay un trabajo con padres y madres. ¿También es necesaria una ruptura en sus concepciones sobre la sexualidad?

Sí. Está muy extendida la idea de que los chicos y las chicas que reciben educación sexual integral van a tender a la promiscuidad, que se les va a incitar a tener relaciones sexuales, porque la conciencia colectiva de la población está muy focalizada en que hablar de sexualidad es hablar de genitalidad, de la actividad sexual, cuando la dimensión de la sexualidad no es solamente hablar de los genitales, sino de un conjunto de relaciones, de sentimientos, de emociones y vivencias.

 

El programa pretende la inclusión de la educación sexual en otras asignaturas. ¿Cómo se introduce, por ejemplo, en una clase de matemáticas?

Ha sido todo un desafío; muy interesante. Hemos realizado formaciones con docentes, pues tenían que desarrollar capacidades de interpretación y análisis de datos, de hacer tablas estadísticas y gráficos, etc. Hemos trabajado para que estos materiales puedan analizar la tendencia en ciertos datos sobre la sexualidad. Por ejemplo, cómo están los niveles de embarazo adolescente en su distrito o en el país, qué tipo de violencia afecta a los niños y niñas del colegio… De tal manera que han jugado con esta información de su propia realidad para establecer comparaciones sobre a quién afectan más los mitos, si a hombres o a mujeres; o quién sufre más la violencia, si los chicos o las chicas; cuáles son las cifras de embarazo adolescente… La riqueza de este tipo de aprendizaje está en que chicos y chicas empiezan a mirar a su alrededor y ven que los datos reflejan su propia realidad y que existen unas causas que desembocan en estos datos. Esas causas están vinculadas a la desigualdad, la discriminación, los sistemas de crianza, la vulneración de derechos, la relación desigual que aún existe entre hombres y mujeres desde la forma en la que se cría y se valora el ser hombre o mujer.

 

-El programa lleva trabajándose dos años y faltaría otro para concluirlo. ¿Se nota hasta este momento una evolución, un cambio de valores y actitudes entre los chicos y las chicas?

Sí. Los niños y niñas de primaria ahora abordan temas sobre la diversidad sexual, el aborto, la violencia machista, sobre el auto-cuidado del cuerpo… Esto nos indica que ya no es un tema tabú. El personal docente también ha hecho un cambio personal. Hablar de sexualidad, de igualdad de género, de derechos, les cuestiona sus propias prácticas personales. Y se dan cuenta de que su alumnado también se ha abierto más a hablar sobre estos temas: les consultan temas relacionados con la sexualidad porque saben que no van a recibir un castigo por ello y que tampoco van a estigmatizarles. También observamos que se ha asumido que la diversidad sexual no es una enfermedad. Asimismo, los chicos y chicas están asumiendo que su sexualidad es una decisión personal que nadie debe imponérsela. Y sienten que tampoco deben imponer una relación.

 

-¿De qué manera os habéis percatado de estos avances?

Por ejemplo, a través de un concurso que pusimos en marcha a favor de la Educación Sexual Integral y en contra de la violencia machista. Ha sido una grata sorpresa ver el calado que está teniendo el trabajo que estamos realizando. Han pasado de una mirada genitalizada, biomédica y de riesgos de la sexualidad a hablar de relaciones igualitarias, de la existencia de las mismas emociones entre chicos y chicas, de cambios en sus esquemas mentales. En el dibujo ganador todos los temas vinculados a la sexualidad están en las concepciones que se han ido construyendo sobre la subordinación de las mujeres. Habla del empoderamiento, de la autonomía, de usar los espacios públicos de manera igualitaria, de que el embarazo adolescente frustra sus vidas, de que requieren tomar decisiones en relación a su bienestar individual.

-Dados los resultados que ya se están viendo en este programa que se planteó como una experiencia piloto en 14 centros del país, ¿se piensa replicar en más colegios?

Eso es lo que queremos lograr. El problema es la falta de tiempo y recursos, pero está claro que la educación sexual en los colegios es una demanda aún insatisfecha. Ya nos han pedido que repliquemos el programa desde diferentes zonas e entidades del país; y no solo colegios. Nos lo han solicitado desde el organismo que capacita a la policía, por ejemplo. El problema es por qué no se cubre desde las instancias que debieran trabajar estas políticas. Pero esto es algo que tiene que ver con la voluntad política, que de alguna manera está presionada por la jerarquía eclesiástica, que influye mucho en las decisiones gubernamentales. Por eso necesitamos más funcionariado laico que mire por políticas a favor de la ciudadanía y no de intereses religiosos. Ese es el gran desafío. También hay que hacer un llamamiento a las universidades, que están como de costado en este tema. Hay que hacerles partícipes de este debate de que la educación sexual sea una política de Estado y que se ponga en marcha. Porque la sexualidad, al final, es un terreno político, que habla de derechos y de libertades.

 

-Quizás sea momento de implicar a las altas instancias educativas…

El Ministerio de Educación está al tanto de los resultados que está teniendo el programa. Hemos tenido una reunión para comentar la estrategia de trabajo y los desafíos que hay que enfrentar para que esta política de desarrollar una Educación Sexual Integral tenga legitimidad y un mayor impacto entre los chicos y las chicas. Al final del proyecto también tendremos datos cuantitativos sobre la evolución. Estamos realizando encuestas sobre los cambios que se están logrando en todos estos temas de los que venimos hablando. Uno fundamental ha sido la reducción en el número de embarazos adolescentes; algo que tiene que ver con una negociación sobre la sexualidad, en la negociación de la utilización de protección. De alguna manera, se está cerrando un círculo de trabajo. En ese sentido, hemos dicho al Ministerio de Educación que trabajar una Educación Sexual Integral implica una alianza estratégica con el Ministerio de Salud, porque si conseguimos que chicos y chicas puedan decidir sobre su sexualidad, luego deben tener un servicio en el que acceder a métodos anticonceptivos, por ejemplo.

 

-Pero la ESI sería una pieza clave para ir avanzando también en la solución de otras problemáticas en torno a la sexualidad.

Con su mirada amplia y progresista, desde un enfoque de derechos humanos, también se está configurando como una estrategia clave para la prevención de la violencia machista. Lo hemos visto en la última reunión que hemos tenido con el Ministerio de la Mujer. Por eso es importante que en el Plan Nacional para la Prevención de la Violencia que este nuevo ministerio está elaborando, su primera acción estratégica sea trabajar la violencia y la sexualidad en centros educativos. Si trabajamos estas temáticas en los colegios, vamos a tener cambios sustanciales en la prevención.

 

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